Los pediatras de las consultas privadas de Londres, Zúrich y Manhattan cuentan lo mismo: a los hijos de sus pacientes más ricos les falta sueño de forma crónica. No por privación, sino por abundancia de actividades, viajes, pantallas y ambición. Una niña de doce años con piano el lunes, tenis el martes, clase particular el miércoles, equitación el jueves y un vuelo al chalé el viernes no es una niña afortunada. Es una niña cansada.
Cuánto
Los niños pequeños necesitan de once a catorce horas contando las siestas, los de primaria de diez a once y los adolescentes de ocho a diez. Casi todos los adolescentes acomodados duermen siete. La diferencia se ve en la irritabilidad, la falta de concentración, más lesiones en el deporte, más catarros, peores notas y, en la adolescencia, un riesgo medible mayor de ansiedad y depresión. El sueño no es la parte blanda de la salud; es la parte sobre la que se apoya todo lo demás.
Los tres ladrones
La agenda. Dos actividades estructuradas a la semana para un niño menor de diez años, tres para un adolescente, y un día entero sin nada planeado. Todo lo demás es la ambición de un padre vestida con la ropa de un niño.
El dormitorio. Ninguna pantalla de ningún tipo en el dormitorio hasta los dieciséis, y después ninguna a partir de las diez. El móvil se carga en la cocina. Cortinas opacas, habitación fresca, baño caliente, un libro. Los mejores internados aplican todo esto y sus alumnos duermen mejor que los externos, lo que es un argumento potente a favor del internado que nadie usa.
La agenda de los adultos. Cenar a las nueve porque los padres llegaron a las ocho, un vuelo a las seis porque la reunión es a las diez, un fin de semana a tres husos horarios de distancia. En casi todas las casas acomodadas el sueño de los niños se organiza alrededor de la comodidad de los adultos, y en las que lo hacen bien, alrededor del niño.
Viajes y husos horarios
Un niño que cruza más de tres husos horarios necesita un día por huso para adaptarse, y una familia que vuela a las Maldivas una semana ha pasado la semana adaptándose. La regla práctica: vuelo corto para viajes de menos de diez días, vuelo largo a partir de dos semanas, y el horario del vuelo ajustado a la noche del niño. La melatonina se receta a niños en unos países y se vende en gominolas en otros; pregunte al pediatra, no al farmacéutico.
El adolescente
El reloj biológico del adolescente se retrasa: un chico de dieciséis años tiende biológicamente a dormirse a medianoche y despertarse a las nueve, y el colegio empieza a las ocho. Nada arregla esto salvo empezar más tarde, algo que un puñado de colegios ha adoptado con resultados llamativos. Lo que ayuda: nada de móvil después de las diez, nada de cafeína después de las dos, deporte por la tarde y no por la noche, y dormir el fin de semana como mucho dos horas de más para que el lunes sea llevadero. Lo que no ayuda: los sermones.
La prueba
Un niño que se despierta sin despertador los días de colegio duerme lo suficiente. Un niño al que hay que arrancar de la cama, que se duerme en el coche y que es otra persona el domingo por la tarde, no. El plan de salud familiar tiene las horas por edad; el resto es una decisión familiar que no cuesta dinero y es más difícil que cualquier compra.



