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Reglas de redes sociales para una familia conocida

La publicación de un adolescente es un mapa de la casa, del colegio, del barco y de dónde están los padres. Las familias con medios necesitan reglas que las demás no necesitan, y las necesitan antes del primer móvil, no después del primer problema.

Reglas de redes sociales para una familia conocida

Hoy todas las familias negocian pantallas y redes sociales. Las familias acomodadas negocian además otra cosa: que lo que publican sus hijos lo leen personas interesadas en el dinero de la familia, y que la foto de unas vacaciones es también la foto de una casa vacía. Las reglas que siguen son las que dan los consultores de seguridad a sus clientes y las que los hijos de esos clientes ignoran salvo que la familia las acuerde junta.

Las cinco reglas

  • Nunca la ubicación en directo. Lo de las vacaciones se publica después de las vacaciones. La casa, el colegio y el barco no se etiquetan jamás. La ubicación está desactivada en todas las aplicaciones que no la necesiten.
  • Ni interiores de la casa, ni coches, ni joyas. La foto del reloj nuevo es la foto de un objetivo. Las casas de los amigos están igual de vetadas; pregunte antes de publicar la casa de otro.
  • Ni uniforme, ni nombre del colegio, ni fotos de equipo con el escudo. El uniforme identifica el colegio, el colegio identifica a la familia y el horario dice dónde está el niño a las tres de la tarde.
  • Cuentas privadas, solo amigos de verdad. No el amigo de un amigo. Los seguidores se revisan juntos, una vez por trimestre y sin dramas.
  • Nada que no querría ver en portada. La foto de la fiesta a los dieciséis es la pregunta de la entrevista a los veintidós. Las capturas son para siempre; el botón de borrar es decorativo.

Las reglas de los padres

Los niños aprenden de lo que ven, y el padre que publica el interior de la villa y la matrícula del avión no tiene autoridad para imponer una regla. Las mismas cinco reglas valen para los padres y para el personal: una niñera que publica a los niños en la playa es un problema de seguridad, y el contrato de trabajo debería decirlo.

Edad y acceso

Casi todas las plataformas exigen trece años y casi todos los niños entran a los once. Las familias que mejor lo llevan retrasan el móvil inteligente a los doce o trece, dan primero un teléfono sin aplicaciones sociales y abren las cuentas juntos, con el padre guardando la contraseña hasta los dieciséis. Los internados ayudan: en casi todos se recogen los móviles por la noche y están prohibidos en clase, y el niño tiene un grupo de iguales que hace lo mismo.

Reputación y apellido

A los hijos de familias conocidas los desconocidos les exigen el listón de la familia, lo que es injusto y cierto. Un comentario descuidado de un adolescente sobre una marca, un país o una persona es noticia si el apellido se reconoce. La regla no es el silencio; es la pausa. Nada se publica enfadado, nada se publica de noche y todo lo que toque política, religión, dinero o a otras personas se habla antes con un padre hasta los dieciocho.

Cuando algo sale mal

Saldrá. Se escapa una foto, hackean una cuenta, un amigo publica algo. La respuesta es tranquila y rápida: captura, denuncia, retirada, avisar al colegio si afecta al colegio, avisar al asesor de seguridad si afecta a la casa, y no castigar al hijo por contarlo. Un hijo que teme la reacción esconderá el problema siguiente, y el problema siguiente es el que importa.

La conversación, no el contrato

Algunas familias redactan un acuerdo familiar de medios y lo firman. Ayuda, sobre todo porque redactarlo obliga a hablar. Lo que mantiene a salvo a los hijos no es el documento, sino la costumbre de contar lo que vieron en internet, en la cena y sin sermón. La familia que comenta durante la pasta lo mucho que publica un amigo ha hecho más que cualquier contrato.

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