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Educación · Tarifas, señales de alarma, referencias

Cómo encontrar un profesor particular que valga su tarifa

Los buenos profesores particulares son el dinero mejor invertido de una familia en educación. Los malos son canguros caros con un portátil. La diferencia se ve en tres sesiones si se sabe mirar.

Cómo encontrar un profesor particular que valga su tarifa

Toda familia con medios acaba teniendo un profesor particular en algún momento: para las pruebas de acceso de los diez años, para las matemáticas que de pronto dejaron de tener sentido a los catorce, para la entrevista de Oxbridge o para el SAT. El mercado de las clases particulares se ha convertido en una industria con agencias, colocaciones residentes y tarifas por hora que avergonzarían a un abogado, y la calidad va de transformadora a fraudulenta.

Lo que cuesta un profesor particular

En Londres, Zúrich, Ginebra y Múnich, un profesor titulado de una asignatura cobra de 60 a 150 euros la hora. Antiguos examinadores, especialistas en admisiones de Oxbridge y profesores con trayectoria en un colegio concreto piden de 200 a 400. Las agencias añaden entre un 20 y un 40 por ciento. Los profesores residentes, que viven y viajan con la familia, cuestan de 6.000 a 15.000 euros al mes más vuelos y manutención, y solo merecen la pena para una familia que se mueve o para un niño que se ha quedado muy atrás. Nuestro presupuesto de personal doméstico tiene las horquillas por país.

Las tres preguntas

Antes de contratar, pregunte tres cosas. Primera, cuál es exactamente el objetivo: ¿una nota, una prueba, un hábito, confianza? Un profesor contratado para arreglar una nota enseñará para el examen; uno contratado para arreglar la confianza enseñará de otro modo. Segunda, quiénes fueron sus tres últimos alumnos y qué pasó con ellos. Un buen profesor tiene referencias que cogen el teléfono. Tercera, cómo sabremos que está funcionando. Acuerden una medida: un examen de prueba, un boletín de notas, una conversación con el profesor del colegio al cabo de un mes.

Señales de alarma

  • Un profesor que no pide ver el temario del colegio y los dos últimos boletines.
  • Sesiones que acaban clavadas en hora, sin deberes y sin una nota para los padres.
  • Un profesor que critica al colegio. Los buenos trabajan con el colegio, no contra él.
  • Cualquier promesa sobre un colegio o una universidad concreta. Nadie puede prometer Eton ni Harvard.
  • Un niño al que le cae estupendamente el profesor y que no mejora nada. La simpatía no es enseñanza.

Buenas señales

El profesor manda dos líneas después de cada sesión. El niño hace los deberes sin que se lo pidan. El profesor le dice, a las seis semanas, que el niño ya no le necesita para esa asignatura. Esa última es la señal más segura de todas: quien trabaja para volverse prescindible está enseñando.

En línea o presencial

Las clases en línea funcionan bien desde los doce años en asignaturas con respuesta correcta, matemáticas, ciencias e idiomas, y peor en las de redacción y con menores de diez. Abren el mercado a los mejores profesores vivan donde vivan; a un niño de Marbella puede darle clase el mejor profesor de matemáticas avanzadas de Cambridge. Lo presencial sigue siendo mejor para los pequeños, para todo lo que tenga la confianza en la raíz y para las semanas previas a un examen importante.

Las agencias

Las buenas agencias filtran a sus profesores, conocen los colegios y encuentran en una semana a un especialista en una prueba de acceso concreta. Merecen su comisión en la primera contratación y en las colocaciones residentes. Para las clases continuadas de una asignatura, una vez que ha encontrado a alguien de confianza, contrate directamente y páguele bien.

Una última regla: un profesor particular es un complemento, no un sustituto. Un niño que necesita profesor en tres asignaturas es un niño en el colegio equivocado, y la respuesta es el buscador de colegios, no un cuarto profesor.

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