famenia

Deporte y pasiones · Montar desde los cinco

El primer poni: cuándo, cuál y lo que cuesta de verdad

El poni es la pasión clásica de una infancia privilegiada porque enseña cosas que no enseña nada más: cuidado, miedo, paciencia y el hecho de que a un animal grande le da igual tu apellido. También cuesta 2.000 euros al mes. Así lo hacen bien las familias.

El primer poni: cuándo, cuál y lo que cuesta de verdad

Todo niño que monta recuerda el primer poni, y todo padre que compró uno recuerda la factura. La equitación es la más cara de las pasiones infantiles después del esquí y la más gratificante, porque un poni no es un equipamiento. Hay que darle de comer la mañana de Navidad, se queda cojo la semana antes del concurso, muerde, quiere y le enseña a un niño que tiene servicio en casa que hay cosas que no se pueden delegar.

Cuándo

Clases desde los cinco años, con cuerda, en una buena escuela con ponis pequeños y monitores pacientes, una vez por semana durante un año. Después dos veces por semana, sin cuerda, con el niño aprendiendo a coger, cepillar, ensillar y limpiar la cuadra como parte de la clase. Un poni propio después de ese año, a los siete u ocho, si se cumplen tres cosas: el niño pide ir cuando llueve, cepilla sin que se lo digan y hay alguien que pueda limpiar la cuadra los días de colegio.

Cuál

El primer poni es pequeño, viejo, bueno y un poco aburrido. Un veterano de doce palmos y veinte años que ha enseñado a cuatro niños vale más que un poni joven con futuro, y cuesta menos: de 3.000 a 12.000 euros. Lo elige un monitor que conoce al niño, se prueba tres veces, lo revisa un veterinario independiente y se compra o, mejor, se toma en cesión un año con opción. El segundo poni del niño, a los diez u once, es donde entra la ambición: de 10.000 a 40.000 euros por un poni de concurso, más por los que tienen nombre. Las familias que compran primero el segundo poni compran un niño asustado.

Lo que cuesta

El pupilaje en una buena cuadra, con el poni alimentado, sacado, limpiado y trabajado los días de colegio: de 800 a 1.800 euros al mes en Alemania, Suiza e Inglaterra, y menos en España. Herrador cada seis semanas, veterinario, dentista, desparasitación, seguro, montura, mantas, el equipo del niño, las clases y las inscripciones a concursos: de 500 a 1.200 euros más al mes. Un camión o un remolque y un coche que lo arrastre, si el niño compite. Digamos de 15.000 a 35.000 euros al año por un poni en una buena cuadra, antes del segundo poni, que llega antes de lo que nadie había previsto.

La cuadra

La cuadra importa más que el poni. Una buena cuadra tiene un monitor que enseña a niños, una pista con buen suelo, rutas seguras para pasear, otros niños de la misma edad y nivel, un responsable que se da cuenta cuando un poni no está fino y una cultura en la que el trabajo lo hace el niño. Una cuadra donde el mozo lo hace todo y el niño llega para montar produce un jinete y no un caballista, y la diferencia se ve en la primera caída.

Seguridad

Un casco homologado, sustituido después de cualquier caída; un peto protector para saltar y para salir al campo; botas con tacón; guantes; un poni de la talla y el carácter adecuados; un monitor a la vista hasta que el niño sea competente; y un padre que entienda que la equitación es el deporte con la mayor tasa de lesiones graves de la infancia, y que la mayoría de esas lesiones ocurren en el suelo, llevando al poni, cepillando, en la cuadra. El artículo sobre lesiones deportivas vale para los jinetes más que para nadie.

El club y los concursos

El Pony Club y sus equivalentes en Alemania, Suiza y España son lo mejor de la equitación infantil: concentraciones, campamentos, pruebas, equipos y otros niños. Concursos desde los ocho o nueve años, primero pequeños y locales, y el trabajo del padre son los bocadillos, no el entrenamiento. Una niña que compite porque quiere se lo dirá; una niña que compite porque lo hace la familia se lo dirá de otra manera.

El final

Casi todos los niños dejan de montar entre los catorce y los diecisiete, cuando el colegio, el deporte y la vida social lo desplazan, y algunos vuelven a los treinta. El poni pasa en cesión a la siguiente familia, que es el final honroso. Las familias que lo hicieron bien tienen un hijo capaz de manejar a un animal grande, levantarse a las seis, perder una prueba y dar la mano, y que recuerda el olor de una cuadra como el olor de que confíen en él. Eso es lo que compraron 2.000 euros al mes, y fue barato.

Siga leyendo

Tres más del portal.

Salud · 8 min de lectura

Jóvenes deportistas y las lesiones que acaban temporadas

Los hijos de las familias que pueden pagar el mejor entrenamiento entrenan como profesionales a los doce y se rompen como profesionales a los catorce. Un médico del deporte que trabaje con adolescentes, y una regla sobre las horas, evitan casi todo.